APEGO 3: Apego y lactancia





En las entradas anteriores, describimos el apego y los tipos de éste, también conocimos las conductas que pueden desarrollarlos. Ahora bien, es el turno de presentar a nuestra protagonista: la lactancia. 



¿Qué papel juega la lactancia en el desarrollo de un APEGO SEGURO?
Diversos estudios señalan que los seres humanos nacemos con el 25% de nuestro cerebro adulto desarrollado, y por tanto, con escasas habilidades de sobrevivir; es por eso, que nuestra supervivencia depende al cien por ciento del cuidado de otra persona (a diferencia de otros seres del reino animal). Al nacer, estamos indefensos, vulnerables, en un mundo desconocido, y lo único que nos hace sentir "seguros" es esa voz que hemos escuchado antes, ese olor que conocemos, así es: MAMÁ. 




Pero, ¿cómo nos aseguramos que sea MAMÁ quien acuda a nuestro llamado? Pues sí... solicitando algo que solo ELLA nos puede ofrecer: SU PECHO. 
Es por lo anterior, que la lactancia materna no es solo alimento... es confianza, es seguridad, es paz, es saber que estando ahí podemos garantizar nuestra supervivencia. Ese apego que surge cuando la madre toma al niño en brazos como respuesta innata al escuchar su llanto, llanto que cede al sentir algo conocido (su pecho), es lo que da lugar a la regulación de emociones de madre e hijo y lo que permite dar lugar a un desarrollo normal.

Es un instinto biológico que nos ayuda a perpetuar la especie, por tanto, es algo inconsciente. Así es, el bebé no te manipula ni te quiere de chupón (y ahora que toco este punto, el chupón se inventó para suplir tu presencia). Tu hijo te necesita desde el fondo más primitivo de su existencia. 



En el pecho, el bebé encuentra alimento para saciar su hambre, líquido para saciar su sed y seguridad para saciar su necesidad de sobrevivir. 

Espero que esta trilogía sobre el desarrollo del apego haya sido de apoyo y aprendizaje. 

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